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Qué es y qué no es MEDITACIÓN

meditación

– «Yo medito para conseguir poner mi mente en blanco».

– «Cuando medito busco sentir serenidad interna y el cuerpo relajado, sensaciones muy gustosas».

En meditación el «logro» es un concepto que no tiene demasiado sentido aplicar. Sería algo así como entrar en un taller de mecánica y preguntar si los recambios con que trabajan están frescos o no, como si fuera una pescadería o una frutería.

Puede ser que alguno inicie sus meditaciones buscando un fin concreto: relajarse, bajar sus niveles de stress, buscar la paz interior o el autoconocimiento. Y esto puede convertirse así en una puerta de inicio para algunos, que quizá se convierta en una «historia de amor» con la meditación, integrándose en el día a día de la persona.

Personalmente encuentro que meditar es ya el fin en sí mismo. Es un «logro» más interesante acercarse a la meditación no por sus efectos, sino por el entrenamiento que supone en sí misma. Algo así como quien va a caminar o a correr sin ponerse metas ni objetivos de tiempo ni resistencia. Sólo por el placer de hacer ejercicio y encontrarse con lo que siente (sea lo que sea) día a día, paso a paso.

Cuando me siento a meditar no busco sentir, ni busco comprender, ni tener experiencias parecidas a otras meditaciones que hayan sido muy agradables. No busco sentirme en paz al terminar, ni que los pensamientos en mi cabeza vayan más aprisa o más despacio. Sólo me siento y permanezco, en un silencio atento. Si hay ruido fuera, lo escucho. Si hay ruido dentro, también. Sin expulsarlo ni querer un entorno idílico de silencio total, calma plena, incienso y velas. Más bien acojo lo que hay y vivo con ello. Sin buscar la ausencia de pensamiento ni de sentimiento. Soy una persona real y palpable, con días de atención plena, con días dispersos, y con toda la gama de grises intermedia. Por eso entiendo que en meditación no he de buscar un único y mismo objetivo todos los días. Me parece que es algo inalcanzable para un humano real y social. Bastante es si puedo permanecer en el máximo silencio, para permitirme aprender de cada momento; y atento, para no perderme las oportunidades e información que me trae esa meditación.

Es la manera en que consigo que mi meditación trascienda la sala de meditación y sea una cualidad aplicable a cada momento de mi día. Sólo si acepto que meditar es estar, con ese mismo silencio atento, en lo que hay en cada momento de la vida puedo meditar en casa, en el trabajo, por la calle, con amigos en una terraza…y también cuando me siento en mi zafu y permanezco inmóvil.

Iván Riveiro

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