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Reiki. Recarga tu energía

El ser humano es un conjunto organizado de energía. La energía se organiza atendiendo a un determinado patrón constante de vibración. Es a este patrón al que llamamos ‘frecuencia vibratoria personal’, y realiza su función aunando a aquellas partículas elementales que vibran en resonancia entre sí, dando lugar como consecuencia a un campo magnético que resulta visible a nuestros ojos, materializándose como lo que conocemos como ‘cuerpo físico’.

Por lo tanto, las células que conforman un cuerpo físico están compuestas por energía en movimiento. Y estas células realizan sus funciones correctamente o no en función de si están rodeadas o no de una frecuencia de energía adecuada para la ejecución de su función fisiológica propia, y así conseguir un buen funcionamiento de todo el cuerpo físico. A este estar rodeadas de frecuencias vibratorias iguales o no, es a lo que llamamos ‘campos de resonancia magnéticos’. Es de ellos que depende que el funcionamiento de las células del cuerpo sea equilibrado o desequilibrado. ­­

Cuando otra persona, suceso, pensamiento o emoción entran en contacto con el campo de resonancia magnético de un sujeto, su patrón vibracional personal puede verse alterado o incluso modificado. Cuando esto sucede, como consecuencia, el funcionamiento de las células corporales se ve alterado, generando un desequilibrio que puede desembocar en lo que conocemos como ‘síntoma’ o, en última instancia, una enfermedad.

Podemos afirmar por lo tanto que la frecuencia vibratoria energética de un cuerpo humano no es constante a lo largo de toda su vida, sino que puede verse modificada por influencias energéticas internas o externas al propio sujeto. Así, una persona a lo largo de un mismo día, y por ende a lo largo de toda su vida, es susceptible de experimentar numerosos desequilibrios energéticos.

Aquí es donde entra en juego la importancia de una correcta higiene energética personal: saber gestionar de qué personas, situaciones, pensamientos, emociones, etc, nos rodeamos. Mantener contacto asiduo con personas, pensamientos o situaciones que promueven patrones vibracionales bajos (como la queja, el resentimiento, la agresividad, la culpa o la melancolía, por ejemplo), facilita que la propia frecuencia vibratoria entre en resonancia con esos patrones de energía más densos o más bajos, y así puedan “contagiarnos” ese nivel inferior de vibración energética.

Por el contrario, hay situaciones y personas que permiten elevar nuestro nivel vibracional a frecuencias óptimas para la salud:

* rodearnos de música que promueve sentimientos agradables
* fomentar en el propio pensamiento aquellos pensamientos que mueven a la compasión por uno mismo/a y por los demás seres
* frecuentar la compañía de personas con las que la relación es fluida, divertida y con contenidos que aportan crecimiento personal

* destinar tiempo a estar en contacto con la Naturaleza: paseos por la playa o por el bosque, ríos, cascadas, tumbarse sobre la hierba, caminar descalzo, abrazarse a un árbol, inspirar con los ojos cerrados…

* descubrir lugares donde la belleza es cautivadora: miradores, exposiciones, entornos naturales, rutas de senderismo, paisajes con encanto, etc.

* recibir sesiones de Reiki o la Terapia de sonido para avivar y estabilizar nuestra frecuencia vibratoria personal.

Cuidar y cuidar.te no es sólo cuestión de estética o apariencia. Como dice el refrán, “la cara es el espejo del alma”. Así que, si te cuidas por dentro, desde fuera se te notará también. Y tú mismo/a te sentirás mejor, no sólo porque los demás noten tu cambio, sino porque tú lo vas a sentir en primera persona.

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